A la comprensión lectora, que es uno de los objetivos pedagógicos más arduos e incuestionables, se le contraponen a menudo las inconsistencias y confusiones de la animación a la lectura. Sus detractores afirman que la laboriosidad que implica el entendimiento de un texto es incompatible con la liviandad de las animaciones. Afirmar que el acercamiento distendido y dichoso a los libros no favorece la comprensión, sino que incluso la obstaculiza, no es del todo adecuado. Abundan las investigaciones que demuestran por el contrario que la comprensión de un texto es inseparable del interés, las e…