En este primer capítulo el autor se detiene a reflexionar acerca de qué entendemos por un alumno o una persona socialmente competente y por qué debe aprender a mantener un buen dialogo con los interlocutores para desarrollar una capacidad dialógica que les permita gestionar adecuadamente sus impulsos para desarrollar de manera suficiente el autocontrol. También profundiza en que una persona socialmente competente es aquella que ayuda a los demás, que los incluye y los valora en positivo desarrollando vínculos emocionales de calidad.