Este trabajo, entendiendo que todo docente es antes educador que instructor, tratará de defender que, al contrario de lo que suele pensarse, su formación no puede ser meramente técnica. No cualquiera debería poder ser docente, pues si atendemos al sentido que en sí misma tiene la educación, veremos que requiere de profesionales con cierta manera de ser y no meramente con determinadas formas de hacer. La formación de la personalidad, que un día fue indispensable para poder llegar a ser docente, está hoy olvidada. No obstante, en un mundo complejo e inestable como el nuestro y con tantos inte…